SAPIENS 4.0

Desde la aparición de los primeros humanos hace 2,5 millones de años, nuestro género, y posteriormente con la evolución hace unos 200.000 años del homo sapiens ya nuestra especie ( ver el libro SAPIENS del historiador Yuval Noah Harari), ha empleado herramientas, instrumentos técnicos y tecnología en definitiva para mejorar su vida y por ende la sociedad donde se desarrolla. Es evidente que en este sentido dicha tecnología ha tenido diferentes usos y en más de una ocasión se ha empleado, y se emplea, para justo lo contrario, dañar a nuestra especie y a su convivencia y progreso.

 

 

¿QUÉ NOS DEPARARÁN LOS CAMBIOS TECNOLÓGICOS?

Por lo tanto, el trinomio ser humano-tecnología-sociedad es ya millonario, ya no tanto en aciertos como en años. En la actualidad con el desarrollo del entorno digital, de las tecnologías disruptivas y en definitiva de la cuarta revolución industrial 4.0, que tiene a internet como eje integrador y a la recopilación y lectura inteligente de datos como punta de lanza, lo interesante es plantearse, qué criterios son los que debemos potenciar para que este avance tecnológico sirva para mejorar nuestra sociedad y nuestro desarrollo como humanos. Las anteriores revoluciones, empezando por la cognitiva que nos forjó como especie y pasando por la agrícola y la primera industrial, han propiciado cambios sociales. Esta no le va a la zaga, pero es ahora cuando el papel del hombre es más decisivo para liderar el sentido de esos cambios.

Asegura Ángel Bonet, autor del libro: El tsunami tecnológico que hay “una generalizada preocupación por saber cuál será el rol del ser humano ante la revolución tecnológica y especialmente con los robots”.

En este sentido, Bonet es optimista y estima que “todo lo que nos ocurrirá en las próximas dos décadas será para bien aunque durante el proceso de transformación suframos incomodidades o disgustos”. Empezando por el entorno laboral que ya está viendo cómo, la robótica y la inteligencia artificial, demandarán en un corto plazo de tiempo la mitad de los empleos en todo el mundo, 3.400 millones de empleados en el planeta.

 

 

TRANSFORMACIÓN Y FORMACIÓN CONTINUA

Es evidente que esta coyuntura nos exigirá a todos un esfuerzo de transformación y reubicación, sino queremos quedar excluidos. Por lo tanto, ya que, somos los  humanos (nuestra especie homo sapiens se quedó sola en el planeta hace unos 10.000 años, volvemos al doctor Noah Harari) los que estamos manejando la citada tecnología, el foco debe ponerse en el uso y los objetivos hacia donde la dirigimos, así como los valores que debemos potenciar para que su meta no sea otra que la transformación y mejora social.

Hablamos de avances en robótica, Inteligencia Artificial, en el acceso de máquinas autónomas a millones de datos y su lectura inteligente para hallar algoritmos y soluciones concretas a problemas, pero también de herramientas como las impresoras 3D o todo el campo de los simuladores digitales, gemelo digital, aplicados a la industria y nuestro entorno con el Interner de las cosas (IoT), comunicación entre máquinas y entre el hombre y la máquina. Un mundo amplio y complejo y del que cada día surge un nuevo modelo de desarrollo. Bien pues todo este potencial debe contar con bases sólidas, estrictamente humanas, que dependen de nuestra conducta ética.

LOS ROBOTS NO CONTROLARÁN EL MUNDO

¿Estaremos a la altura del reto? ¿Estamos preparados para una tecnología que desborda en muchos casos las propias capacidades humanas? La directiva Elena Pisonero asegura en su artículo: ¿A la altura de la cuarta revolución industrial?(La Vanguarida 22/10/2018) que ese mundo, que ya está aquí, “será más tecnológico, pero debe ser también más humano, en el que contemos con individuos más responsables, empresas más éticas y gobiernos más eficaces”. Bonet se refiere a esta misma idea con la propuesta de “recuperar la esencia del hombre y volver a crear un nuevo Renacimiento” que haga al hombre medida de todas las cosas, incluida claro la tecnología y su proyección en Sociedad. Y es que la revolución industrial en la que nos encontramos no solo se basa en tecnología, lo hace sobre todo en la sociedad.

Haremos el camino más fácil si incidimos en los valores que han liderado nuestro progreso como especie, una reflexión que nos hará abandonar miedos e incertidumbres de cara al futuro.

Según estudios realizados por CSIC en esta materia “los robots no van a controlar para nada el mundo ni ahora ni dentro de 100 años. Las máquinas no tienen ambición de controlar el mundo”. Carecen de comportamientos como “la ambición, la avaricia y el ansia de poder y control”, que por el contrario son pulsiones esencialmente humanas y de las que sí nos debemos cuidar. Como dice Skinner, “el problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”.

Por lo tanto, ahora, aunque siempre tuvimos un exceso de vanidad al bautizarlo, el homo sapiens, el 4.0, debe ser más sapiens que nunca.

 

 

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