El empleado del futuro

Los conocimientos técnicos que cualquier trabajador pueda atesorar para desempeñar su labor profesional no son suficientes, ni siquiera los más valorados, para los retos que plantean las empresas presentes y futuras en un entorno tan cambiante e inestable como en el que nos encontramos. Hace unos años éste era el valor principal, ahora no solo no lo es, sino que queda relegado a un segundo plano. Es la actitud la que brilla más que nunca a la hora de seleccionar un perfil laboral idóneo.

Una encuesta realizada a los managers de las principales empresas internacionales, llevada a cabo en el año 2017, publicada por la prestigiosa Universidad de Stanford, California, destaca una serie de cualidades y habilidades que se buscan y aprecian en los empleados y empleadas de una compañía, tanto para puestos directivos como subordinados. Sorprendentemente se trata de una serie de destrezas que no están relacionadas, como decíamos, tanto con los conocimientos previos adquiridos como con cualidades personales y de presdisposición hacia el trabajo y la vida.

Entre dichas cualidades se destacan las siguientes:  la primera es mostrar capacidad de aprender y reconocer los propios errores.

 

Capacidad de aprender y reconocer los errores

 La capacidad de aprender, tiene que ver con la actitud ante el trabajo. Es una cuestión de madurez, de ser consciente en todo momento, por muy experto que se sea en una materia concreta, que siempre hay algo más o nuevo que aprender. El estancamiento comienza cuando crees que no necesitas renovarte y por lo tanto estimas, erróneamente, que no hay nada nuevo que puedas aprender.

Reconocer los errores está relacionado con la honestidad, la coherencia y la conducta personal. La responsabilidad solo podrá recaer en las empresas en aquellas personas cuya honestidad esté asegurada. La ética y el sentido de la justicia es una característica básica de los líderes actuales. En este terrero también se aprecia mucho la humildad y la valentía para acometer nuevos retos aunque conlleven dificultades.

La creatividad, la joya de la corona

 

En el campo del desarrollo laboral, la joya de la corona es la creatividad. Según los expertos, la creatividad para desarrollarse debe tener la base del conocimiento, pero sería imposible sin una cualidad muy específica que hay que cultivar desde la niñez. La curiosidad y el interés por el conocimiento en general. Este brillo del intelecto es la chispa imprescindible para ver las cosas desde otras perspectivas y crear desde ahí nuevas soluciones a los problemas. Sin curiosidad por el saber, en general, es muy difícil crear nada

Para seguir consolidando este camino de excelencia hay que completar el perfil con la reflexión, el cuestionamiento y la duda, incluso de nuestras certezas más arraigadas. Dudar no significa inseguridad o volubilidad de carácter, cuestionarse las cocas, no es otra cosa que replantearse los cimientos, precisamente para buscar más seguridad y fundamento en ellos. Esta duda también nos conduce a profundizar e investigar y por lo tanto garantiza la profesionalidad en nuestra labor. Es un antídoto perfecto para el estancamiento y el apalancamiento o como dicen algunos teóricos te hace salir de tu zona de confort.

Desarrollo grupal y trabajo en equipo

En todo momento estamos hablando de rasgos individuales, pero que es imprescindible desarrollarlos en grupo, o en equipo, y por una razón lógica. Si la creatividad, el talento o el esfuerzo de un individuo puede ser encomiable, la suma de dos o varios es sencillamente extraordinaria. Aquí la cantidad siempre suma y suma calidad.

 

 

En este campo se fomentan, las capacidades interpersonales, para cooperar en grupo, pero para hacerlo con éxito hay que fomentar en la misma medida la capacidad intrapersonal, es decir aprender a identificar, expresar y gestionar las emociones propias. La inteligencia intrapersonal corresponde a una de las inteligencias del modelo propuesto por Howard Gardner en la teoría de las inteligencias múltiples , que se define como la capacidad que nos permite conocernos mediante un auto análisis. La capacidad de ver cómo somos  y lo que queremos. Uno debe ser capaz de gestionarse a sí mismo con éxito antes de gestionar cualquier grupo.

Tanto a nivel individual como grupal para solventar con éxito esta inteligencia emocional es necesario gestionar por el canal debido los fracasos y frustraciones. En el ámbito empresarial, también en el personal, las pérdidas pueden y deben convertirse en ganancias. Los fracasos hay que aceptarlos para salir fortalecido, más sabio de esta experiencia. La frustración nos enseña a buscar otros caminos y a reconocer los que no debemos volver a transitar- “y al volver la vista atrás se ve la senda que no se ha de volver a pisar”. No existían los coach y ya Machado reflexionaba sabio sobre el tema-.

Como colofón a este perfil ideal nos encontramos con la voluntad de aprendizaje continuo, que ya hemos mencionado antes, y fijarse nuevas metas. Esta cualidad está relacionada con la voluntad y el coraje de avanzar indefinidamente en el proyecto personal y grupal que conlleva la empresa. Fran Kafka lo definía a la perfección: “Nuevos caminos se abren paso cuando los persigues con tesón”.

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